- Subeme hasta el faro que bajo andando.
Tengo que subir ese risco que veo desde casa, donde se encuentra el parador.
Subir se me pega, así que lo hago al revés.
Debían de cambiárselo, pues tengo una idea que la iglesia hace años defenestro a ese santo quitándolo del santoral.
Y sobre todo se ve el mar a placer. No hay nada como ver el mar. Me siento como Colon pensando en ir a descubrir lugares ignotos.
Es de 1.978, la torre tiene 15 metros de altura. Hace dos destellos blancos cada diez segundos y tiene un alcance de 21 millas náuticas.
La farera es una chica castellana que lleva en la isla muchos años.
Un día paseando con Magui por allí entablamos conversación con ella y acabamos subiendo al faro. Es peor bajar que subir.
No se como nos metemos en esos líos.
Todos mirando al mar y a la isla de Tenerife.
Están cuidados, cosa que no pasa en sus alrededores.
Es una verdadera pena porque el lugar es bonito.
Aquí arriba, los gomeros, dicen que hace mucho viento, pero yo nunca coincido con el.
Esta justo encima del puerto deportivo. Tiene unas vistas estupendas.
Nunca dormí en el logicamente, pero comiendo estuve muchas veces. Aunque como yo soy más de cosas sencillas como huevos fritos y garbanzos, sudo para pedir algo que no se parezca a los platos de Ferran Adriá.
Cuesta abajo da gusto, aunque la cuesta a veces es pronunciada.
Acaban de llegar pues lo hacen sobre las diez menos cuarto y yo salí de casa a las 9 y algo.
A veces me cansa tanto sol, me gustaría que amaneciera un día nublado.
En lugar de bajar por la carretera, lo hago por esta rampa.
Aquí hay que ser un poco cabra. Cuando no subes bajas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario