Había dos opciones y cogimos la más complicada sin saberlo.
Nos encontramos en medio de grandes extensiones de plataneras.
Las manchas blancas con los plásticos que utilizan como invernadero.
Estropean por completo el paisaje.
Kilómetros y kilómetros de plataneras.
Tuvimos que preguntar varias veces. Cuando ya empezábamos a desesperar, divisamos el complejo a lo lejos.
A los pies del Teneguia.
Por lo tanto es zona volcánica. Lavas, lavas y más lavas.
De hecho cuando el Teneguia entro en erupción su lava daño el faro.
En las lavas tarda muchos años en salir algo, por eso se sabe si son relativamente recientes o no.
El más pequeño data de 1.902 y sobrevivio a varios volcanes.
En 1.939 dos terremotos agrietaron sus paredes.
En 1,949 fue el volcán de San Juan el que lo dejo tambaleándose.
Y de remate en 1.971 el Teneguia acabo de darle la puntilla.
El nuevo tiene 4 metros de diámetro y 42,15 metros de altura.
En el edificio cuadrado hay un Museo del Mar y de la Reserva Marina.
Junto a los faros de Fuencaliente, se encuentran las salinas en plena actividad.
La sal que sale de aquí es denominada "Flor de sal" dicen que no tiene nada que ver con la sal fina o gruesa que se utiliza normalmente para cocinar.
Se veía a los trabajadores en su faena. Están vivas.
A lo lejos se ven los molinillos que producen la energía eólica. Son la peste en cualquier paisaje de nuestro país.
Claro que odio más los cables.
Hasta que no empecé a hacer fotos no me di cuenta de que estamos invadidos de cables.
Es difícil no tener alguno por el medio, pero los esquivo con habilidad.
Lo hicimos en Los Canarios donde entablamos conversión con una pareja joven que venía de Cataluña y pasamos un rato agradable.
Aquí se dan cita muchas aves migratorias, e incluso crían
Los más raros son los flamencos y los tarros blancos que de vez en cuando se dejan ver.
Junto con el Roque de los Muchachos, fue una de las cosas que más me gusto de la isla que no es precisamente mi preferida.
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