Lo de Centola me llamo la atención. Nombre desconocido para mi.
En el pueblo entablamos relación con una monjita que había llegado desde Barcelona a pasar unos días en su lugar de nacimiento.
Emprendimos la subida con entusiasmo.
Pronto se fue la cosa complicando, y una que ya no tiene 20 años acuso el esfuerzo.
La senda cada vez más angosta y escarpada.
A mi a esas alturas me importaban un rábano Santa Centola y compañía.
Si llego a saberlo antes sube la tia de Santa Centola.
Las susodichas santas fueron martirizadas en la época del emperador Diocleciano, año 304.
Y en el sitio se construyo una ermita que data del siglo VIII.
Tanto esfuerzo para esto comentamos, y con las mismas empezamos a bajar más contentas que unas pascuas.
A mitad de bajada nos rebasa una chica que conocimos por el camino.
- No os vi arriba nos dice.
- ¡Como que no! si estuvimos allí. Con lo que nos costo subir.
- ¡No!
- No, eso era las ruinas de un antiguo pueblo, Siero. El último tramo estaba verdaderamente difícil nos dijo, asi que salvasteis.
Y eso que era una chica joven.
Pero nos dio bastante rabia pues estábamos casi arriba.
Los 20 minutos que nos dijeron, debía de ser a buen paso, pues tardamos como mínimo media hora de subida y otro tanto de bajada.
Mucho verde y mucha naturaleza; como si estuviéramos en Asturias.
La lastima fue no llegar a la ermita.
Total que hicimos el ridículo y quedamos agotadas nada más empezar la excursión que duro todo el día.
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